23 de junio de 2016
9 de junio de 2016
Andar, mejor que correr
¿Sabías
que los beneficios del llamado power
walking superan con
creces los de correr? Te contamos los efectos en tu organismo y cómo
practicarlo correctamente.
Mucho antes de que los modernos le pusieran el muy rimbombante y
anglófono nombre de power
walking, el ex presidente ruso y Nobel de la Paz Mijaíl Gorbachov y
su esposa Raisa ya eran, a finales de la década de los 80 del siglo pasado,
unos acérrimos defensores de esta actividad que consiste, básicamente, en andar
de forma enérgica.
Ni más ni menos. Porque el power
walking (o smart walking), que
en los últimos tiempos ha ganado multitud de adeptos, no es más que caminar a
buen ritmo. Pero, ojo, no
vale hacerlo de cualquier forma. El power walking es más que un simple paseo. Hay que
caminar a un ritmo adecuado para quemar las mismas calorías que corriendo. Y
siempre que controlemos sus tres puntos fundamentales, frecuencia, tiempo y
ritmo, es un ejercicio seguro y efectivo.
La frecuencia ideal para
practicarlo es de tres a cuatro veces por semana. El
tiempo de cada sesión debe rondar incialmente los 40-45 minutos. Y en los
primeros entrenamientos el ritmo debería rondar el 60 por ciento de la
frecuencia cardíaca máxima. Un ritmo ágil, pero cómodo, que debe tener siempre
en cuenta la forma física con la que parte el que lo practica.
El power
walking es ideal para
esas personas que tienen poco
tiempo, no les gusta correr, no están en buena forma física o no les gusta
ejercitarse en lugares cerrados como los gimnasios. Y sus
beneficios saltan a la vista. Disminuye
la tensión arterial y los niveles de colesterol, lo que evita
problemas cardíacos. Mejora
el sistema inmunitario. Previene la diabetes y ayuda a controlar los niveles de
azúcar en sangre.
Tonifica una gran cantidad de músculos, sobre todo las pantorrillas, los muslos
y los glúteos. Ayuda a quemar calorías y a mantener activo el metabolismo. Y,
aparte de todo eso, desestresa, relaja
y ayuda a que nuestro humor mejore.
Y eso sin que haga falta correr. Así lo indica un revelador
estudio publicado hace unas semanas en la revista “Arteriosclerosis, Thrombosis
and Vascular Biology”. Según esta publicación, cuando se emplea
similar gasto de energía, correr reduce el riesgo de hipertensión en un 4,2% y
caminar en un 7,2%. En cuanto al riesgo de colesterol alto, correr supone una
reducción de ese riesgo en un 4,3% y caminar en un 7%. En cuanto a las
enfermedades cardiacas, correr reduce el riesgo en un 4,5% y caminar en un
9,3%. Es decir, en todos los casos andar es mucho más beneficioso que correr.
Y, además, produce menos desgaste y riesgo de lesiones.
Visto así, todo son ventajas. Pero mal realizado, el power
walking también tiene algunos riesgos, fácilmente evitables con los consejos que
siguen:
1. La cabeza, siempre erguida.
Nada de caminar mirando a la puntera de las zapatillas. La vista debe fijarse,
al menos, 20 metros por delante.
2.
Mueva los hombros de
una forma natural, libre. La postura para caminar no debe ser rígida, pero es
vital que la espalda esté recta y los hombros relajados.
3. Balancee los brazos de forma natural. Los brazos deben
balancearse de forma rítmica y alternativa, adecuándose a la zancada. Deben
doblarse por el codo con un ángulo aproximado de 90 grados.
4. Respire con fluidez. Al
caminar, respire profunda y rítmicamente para oxigenar mejor el organismo.
5. Mantenga la barbilla
paralela al suelo. La cabeza tampoco debe estar echada hacia atrás. Lo ideal es
llevar la barbilla paralela al suelo.
6. Apriete suavemente los
glúteos y el estómago. Si ejerce una ligera presión sobre
los abdominales y los glúteos, fortalecerá más esas zonas.
7. Coloque la pelvis por debajo
del torso. De esa manera caminará más erguido, y no cometa el error de
dar zancadas muy largas.
8. Los pies deben ir paralelos
uno con el otro. Para que el ejercicio sea efectivo y más descansado, los pies
deben mantenerse a la misma distancia que el ancho de los hombros. Use calzado
deportivo ligero y, a la vez, resistente.
Artículo publicado por Alberto E.
Parra en el número 112 de la revista Salud y Corazón.
27 de mayo de 2016
28 de Mayo: Día de la Nutrición
Más de 5 millones de españoles se identifican con la opción flexitariana
El flexitarianismo es la práctica de ser «flexible» sobre la medida en que se es vegetariano. Un flexitariano puede que en su casa solamente cocine platos vegetarianos, pero que en casa de amigos o familiares coma platos que contengan carne. O siga una dieta vegetariana pero consuma comidas no vegetarianas para una dieta omnívora pero basada casi en su totalidad en vegetales. Ante todo, un flexitariano debe partir de una dieta vegetariana y consumir productos animales con menor frecuencia.
10 de mayo de 2016
DESHIDRATACIÓN
Deshidratación es cuando nuestro
organismo pierde más agua de la que se ingiere, es decir cuando el balance hídrico es negativo. Esta pérdida de agua a
menudo va acompañada de la pérdida de sales minerales o electrolitos,
fundamentalmente sodio y potasio.
En condiciones normales nuestro cuerpo pierde 2-2,5
litros de agua diarios; este agua perdida se debe reponer para mantener la
hidratación.
Estas pérdidas se producen al respirar, orinar,
defecar y sudar.
Durante la actividad deportiva se produce una gran
cantidad de calor, que hace aumentar la temperatura corporal, este calor debe
ser transferido hacia el exterior y los mecanismos que nuestro organismo
utiliza son disipación de calor a través de la radiación (aumenta el volumen
sanguíneo y se envía más sangre a la piel) y el otro mecanismo es aumentar el
rango de producción de sudor.
Debido a este aumento en la producción de sudor se
produce una mayor pérdida de agua y electrolitos, que podría llevar a un estado
de deshidratación si no se lleva a cabo una reposición de fluidos y
electrolitos adecuada, y como consecuencia una disminución en el rendimiento
deportivo; por esta razón los deportistas deben seguir unas pautas para
conseguir una hidratación óptima para la realización de la práctica deportiva.
Tan sólo una pérdida de un 2% en el agua corporal da como resultado una
reducción importante en el rendimiento deportivo.
La importancia de la hidratación es debida a que
principalmente el agua es el componente mayoritario de nuestro organismo. Es el
componente mayoritario en las células (excepto en las células grasas),
lubricante para el cerebro y las articulaciones, transporta los nutrientes a las
células y retira las sustancias de desecho de estas, forma el plasma sanguíneo,
juega un papel importante en la digestión y absorción de los alimentos,
mantenimiento de la tensión arterial, buen funcionamiento de los riñones,
regulación de la temperatura corporal (eliminación de agua a través del sudor),
etc.
La mejor estrategia que pueden utilizar los
deportistas para evitar la deshidratación, es compensar la pérdida de fluidos y
electrolitos mediante unas pautas de toma de líquidos antes, durante y después
del ejercicio.
Tomando estas medidas se conseguirá además evitar que
se produzcan problemas que van asociados a las pérdidas de fluidos como
son los calambres por calor, agotamiento por calor, golpe de calor e
hiponatremia.
En el deporte, además de realizar una ingestión
adecuada de nutrientes, es fundamental realizar una hidratación adecuada; ambas
estrategias nutricionales nos van a llevar a conseguir un mejor rendimiento
físico y mental.
7 de abril de 2016
7 Abril, Día Mundial de la Salud: 7 consejos para una alimentación de 10
Decir adiós a los azúcares
refinados o comer 5 veces al día, dos de las bases para una educación
saludable.
Hoy se
celebra el Día Mundial de la Salud,
una jornada muy destacada en la que queremos poner especial
hincapié en los hábitos alimenticios que pueden ayudarte a conseguir una salud
de hierro y una vida muy plena.
Y es
que comer bien no significa "estar a dieta" sino mantener unas sencillas
pautas que te
llevarán a sentirte mucho mejor por fuera y por dentro. Porque muchas veces el
cansancio generalizado que sentimos y que se alarga durante todo el día o el
aspecto apagado de nuestra piel se deben a que nuestra alimentación no está
siendo del todo correcta.
Es
verdad que el actual ritmo de vida no nos permite pararnos mucho a pensar
en lo que nos llevamos a la boca, pero hacer un pequeño ejercicio de reflexión
antes de lanzarse a la máquina de snack más cercana puede traducirse en una
acción que nuestro organismo nos agradecerá.
Para
ayudarte a conocer los secretos que esconde una alimentación
10 nos
trasladamos a Doha (Qatar) donde a través de la Healthy Food Initiative
conocimos de primera mano las pautas de una alimentación sana y
equilibrada.
1. COME
DE TODO PERO SIN ABUSAR
Las
dietas milagro que prometen acabar con tus kilos de más a golpe de eliminar
alimentos de tu dieta son un arma de doble filo. No sólo porque recuperarás lo
perdido en pocos meses sino porque la base de una buena alimentación es
una dieta equilibrada donde
no falten los azúcares, hidratos de carbono, proteínas y lípidos (grasas). Eso
sí, siempre dando mayor protagonismo en nuestro plato a las proteínas y grasas
de origen vegetal que a las de animal.
2.
CUIDADO CON LAS RACIONES
Esperar
a la hora de la comida para atiborrarse con un súper menú no ayudará a tu
organismo. Por eso, es mucho mejor realizar cinco comidas al día para comer pequeñas raciones y no
acabar nunca con la sensación de pesadez que puede provocar una gran comilona.
3. DI
'NO' AL AZÚCAR REFINADO
Si
piensas que no tomas mucho azúcar porque nunca lo echas en tu café o eres más
de refrescos light estás muy equivocado. El azúcar refinado está en la mayoría
de productos industriales que
tomamos, desde snacks salados a chocolatinas o todo tipo de galletas o bollería
industrial.
Por ese
motivo, da carpetazo a los productos
industriales y
pásate a todo lo artesanal.
4. BAJA
EL SODIO Y LÁNZATE AL POTASIO
Cuando
en las botellas de agua mineral veas el 'indicada para la preparación de
alimentos infantiles y dietas pobres en sodio' no pienses que no va contigo.
El exceso
de sodio no ayuda nada a tu sistema circulatorio y menos si sufres retención de
líquidos, esa que tiene mucha parte de culpa en la tan odiada celulitis. Por
ese motivo, deja a un lado los productos con mucha sal y déjate seducir
por el potasio comiendo plátanos y hortalizas como las habas o el brócoli.
5. ¡QUÉ
NO FALTE LA VITAMINA C!
¿Cuántas
veces hemos oído las propiedades que tiene la vitamina C? ¿Y aún te resistes a
tomarla? Mal. A partir de ahora conviértete en amigo de todos los alimentos
ricos en vitamina C como las frutas cítricas, el tomate o el
brócoli.
Y es
que además de ayudarte en tu cuerpo conseguirás una piel
más radiante gracias
a su poder sintetizando el colágeno presente en nuestra dermis.
6. SÍ
AL AGUA NO AL ALCOHOL
Beber dos
litros de agua al día tiene
innumerables benecifios para tu salud pero si luego el fin de semana te pasas
con el gin tonic, los resultados difícilmente se notarán.
Por
eso, reduce el consumo de alcohol y empieza a disfrutar de los zumos de
frutas y verduras naturales que tanto furor han causado entre los famosos.
Ahora que llega el buen tiempo, son la mejor manera de refrescarte y mantenerte
hidratado.
7. NO
TE OBSESIONES
Y por
último y más importante, no te obsesiones.
Medir cada cosa que comes y contar cada caloría sólo puede conseguir que no
disfrutes de nada.
Así que
nada de obcecarse, sólo trata de cambiar poco a poco tus
hábitos para
conseguir pasito a pasito una alimentación 10 donde los productos naturales
tengan todo el protagonismo y lo industrial quede relegado al olvido.
4 de marzo de 2016
La vigorexia, el trastorno silencioso de los fanáticos del deporte
Pasar
más de 4 horas en el gimnasio es una señal de alarma que puede indicar este
padecimiento.
Por: PAULA PIMIENTO
En la actualidad llevar una vida
‘fitness’ es un tema de salud, pero también de moda. Muchos hablan de comer
saludable, de hacer ejercicio, de tener una figura atlética, pero la presión
social que muchos sufren produce que realizar ejercicio se convierta en una
obsesión y no en una actividad recreativa.
Recientemente se habló en medios de
comunicación sobre el caso de Mary Méndez, la presentadora del programa de
farándula ‘La Red’, quien reconoció en una entrevista a una revista que debido
a su obsesión por el ejercicio estuvo a punto de perder a su esposo y a su
familia.
Por tratarse de una conducta saludable,
la actividad física no es vista como un problema. De hecho, quienes dejan de
lado otras actividades y realizan esta práctica con demasiada frecuencia son
vistos con buenos ojos.
Este exceso de ejercicio y el fanatismo
por hacerlo es conocido como vigorexia: "Un trastorno psicológico también
llamado dismorfia muscular, complejo de Adonis o adicción al deporte. Para
algunos psicólogos es anorexia inversa”.
Al igual que la anorexia, una persona
que padece este trastorno se preocupa en exceso por cómo luce, pero además
genera una distorsión de su esquema corporal. Es decir, su concepto de sí
mismos no es real en cuanto a la apariencia física.
“Se ven como personas que tienen poca
masa muscular y por tanto tienen la necesidad inminente de mejorarla. La
vigorexia, como toda dependencia, se da cuando hay un uso excesivo del gimnasio
que produce consecuencias incluso negativas y significativas a lo largo de un
periodo de tiempo”, dice la especialista.
Médicamente no existe un hallazgo que
hable de la existencia de la vigorexia como enfermedad, pese a la popularidad
que ha tomado con la aparición de nuevos casos.
¿Cómo identificar el trastorno?
Generalmente quien padece este trastorno
no se da cuenta de que lo tiene, lo notan quienes lo rodean. Son ellos quienes
finalmente acompañan el día a día de una persona que vive por el ejercicio.
Siempre se ven delgados, sin músculo y
por eso requieren en su necesidad emocional aumentar la parte física. En la
anorexia la persona se ve gorda y siente esa necesidad de no comer o, en el
caso de los bulímicos, de bajar de peso corporal porque siempre se perciben
gordos así estén en los huesos.
Para detectar si una persona sufre dicho
trastorno es necesario analizar bien ciertos detalles que le pueden permitir
identificar que efectivamente lo padece. Éstas son algunas señales de alerta:
- Hacer ejercicios a una intensidad que
lo puede llevar a una lesión.
- Durar más de cuatro horas en el gimnasio.
- Manifestar sentirse débil y delgado, pese a estar bien físicamente.
- Obsesionarse por su figura.
- Ponerse de mal genio cuando no puede ir al gimnasio.
- Abandonar actividades de ocio diferentes al gimnasio.
- Deseos de salir del trabajo antes de lo habitual para ir a ejercitarse.
- Mirarse frecuentemente en el espejo.
- Tomarse medidas constantemente (masa muscular, peso, nivel de grasa, etc.).
- Durar más de cuatro horas en el gimnasio.
- Manifestar sentirse débil y delgado, pese a estar bien físicamente.
- Obsesionarse por su figura.
- Ponerse de mal genio cuando no puede ir al gimnasio.
- Abandonar actividades de ocio diferentes al gimnasio.
- Deseos de salir del trabajo antes de lo habitual para ir a ejercitarse.
- Mirarse frecuentemente en el espejo.
- Tomarse medidas constantemente (masa muscular, peso, nivel de grasa, etc.).
Pese a ésto, médicos especialistas aseguran que no existe una relación directa entre la asistencia al gimnasio y el
trastorno. Lo que es común en todos los casos es que esta práctica de actividad
física se hace en niveles que sobrepasan los límites fisiológicos y de todas
las bondades que le puede ofrecer al organismo, convirtiéndose en un ente
patológico que puede producir muchas alteraciones.
¿Cuál es el tratamiento más adecuado?
La vigorexia puede tratarse de dos
maneras: la primera, con un psicólogo o psiquiatra que le permita realizar un
proceso de mejoramiento de la autoimagen para que la persona vuelva a verse
como realmente es.
Debe tener un enfoque
multidisciplinario donde se maneje el aspecto psicológico enfocado en la
autoimagen. Desde el punto de vista fisiológico es importante descartar que
exista de base algún tipo de trastorno a nivel endocrino. Para esto es
necesario hacer exámenes de laboratorio para revisar que no exista esa posible
alteración.
Pese a que en los gimnasios existen
especialistas en nutrición deportiva y médicos de la misma área, no es
frecuente que se contemple contar con expertos en psicología que atiendan los
casos de vigorexia que suelen registrarse en estos centros.
¿Quiénes la padecen más?
Cualquier persona en el mundo puede
padecer de vigorexia, pero al tratarse de una enfermedad que involucra la
apariencia física, son más susceptibles de caer en ella las personas que están
en el mundo del espectáculo o quienes viven de su imagen. Lo que se ha logrado
establecer es que se presenta más en hombres que en mujeres y que generalmente
se da en edades entre los 20 y 35 años.
Saben que su imagen cuenta mucho en el momento
de sus contrataciones, sin embargo, eso no quiere decir que todo el que esté en
el espectáculo sufra de este trastorno porque cuida su cuerpo. En cuanto a los niños, también puede desarrollar el trastorno en la
adolescencia ante su preocupación por su físico, por su autoimagen, sobre todo
porque la sociedad nos vende estereotipos donde debe haber un desarrollo físico
especial en hombres y mujeres, y son edades sensibles en donde los niños pueden
verse inmensos en este tipo de trastornos.
Como cualquier trastorno, la vigorexia
afecta no solo a la persona que la padece, sino a quienes la rodean.
Como desean estar todo el tiempo en el
gimnasio, son personas que empiezan a dejar de lado su vida familiar y
emocional, abandonan otras actividades, hay aislamiento y solo quieren estar
con quienes refuercen su conducta”.
El trastorno se complica cuando la
persona además empieza a buscar una mejora en su estado físico a través de
sustancias que no han sido sugeridas por un experto.
Inician regímenes nutricionales altos
en proteínas y carbohidratos, descuidando la ingesta de lípidos que son
necesarios para el correcto funcionamiento del sistema endocrinológico.
Adicionalmente pueden automedicarse o seguir instrucciones de alguien con el
mismo trastorno y utilizar anabólicos que traen efectos secundarios”.
Médicamente
no existe un hallazgo que hable de la existencia de la vigorexia como
enfermedad, pese a la popularidad que ha tomado con la aparición de nuevos
casos.
22 de enero de 2016
RECOMENDACIONES EJERCICIO PARA TODOS
Jóvenes (5-17 años):
1. Los niños y jóvenes de 5 a 17 años deben como mínimo 60
minutos diarios en actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa.
2. La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios
reporta un beneficio aún mayor para la salud.
3. La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica.
Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas
que refuercen, en particular, los músculos y huesos.
Adultos (18-64 años):
1. Los adultos de 18 a 64 años deben dedicar como mínimo 150 minutos
semanales a la práctica de actividad física aeróbica, de intensidad moderada, o
bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una
combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
2. La actividad aeróbica se practicará en sesiones de 10 minutos
de duración, como mínimo.
3. Para obtener aún mayores beneficios para la salud, los
adultos de este grupo de edades deben aumentar hasta 300 minutos por semana la
práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta 150 minutos
semanales de actividad física intensa aeróbica, o una combinación equivalente
de actividad moderada y vigorosa.
4. Dos veces o más por semana, deben realizar actividades de fortalecimiento de
los grandes grupos musculares.
Adultos mayores (65 en adelante):
1. Los adultos de 65 en adelante deben dedicar 150 minutos semanales a
realizar actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de
actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación
equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
2. La actividad se practicará en sesiones de 10 minutos, como mínimo.
3. Para obtener mayores beneficios para la salud, los adultos
de este grupo de edades deben dedicar hasta 300 minutos semanales a la práctica de
actividad física moderada aeróbica, o bien 150 minutos semanales de actividad
física aeróbica vigorosa, o una combinación equivalente de actividad moderada y
vigorosa.
4. Los adultos de este grupo de edades con movilidad reducida deben realizar actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas,
tres o más días a la semana.
5. Convendría realizar actividades que fortalezcan los principales
grupos de músculos dos o más días a la semana.
6.Cuando los adultos de mayor edad no puedan realizar la actividad física
recomendada debido a su estado de salud, se mantendrán físicamente activos en
la medida en que se lo permita su estado.
Ejercicio cardiorrespiratorio:
En adultos debe alcanzar al menos 150 minutos de ejercicio de
intensidad moderada por semana.
Las recomendaciones de ejercicio pueden ser satisfechas a través de 30-60
minutos de ejercicio de intensidad moderada (cinco días a la semana) o 20-60
minutos de ejercicio de intensidad vigorosa (tres días a la semana).
Una sesión continua y múltiples sesiones más cortas (de por lo menos 10
minutos) son aceptables para acumular la cantidad deseada de ejercicio diario.
Debe haber una progresión gradual del tiempo de ejercicio, la frecuencia y la intensidad
para lograr mejor adherencia y disminuir riesgo de lesiones.
Ejercicio de fuerzia:
Los adultos deben entrenar cada grupo muscular dos o tres días a la semana
usando variedad de ejercicios, que deben ser de muy baja intensidad para las personas mayores o para los adultos sedentarios al comenzar el ejercicio.
De dos a cuatro series de cada ejercicio ayudará a los adultos a mejorar la
fuerza, haciendo 8-12 repeticiones; entre 10-15
repeticiones mejorará la fuerza en personas de mediana edad y personas mayores y entre 15-20 repeticiones mejorará la resistencia
muscular.
Los adultos deben esperar por lo menos 48 horas entre las sesiones de
entrenamiento de fuerza.
Ejercicio de flexibilidad:
Los adultos deben hacer ejercicios de flexibilidad por lo menos dos o tres
días a la semana para mejorar el rango de movimiento.
Cada estiramiento se debe mantener durante 10-30 segundos hasta el punto de
tensión o malestar leve.
Repetir cada estiramiento de dos a cuatro veces, acumulando 60 segundos por
estiramiento, y variar:
estáticos, dinámicos, etc.
El ejercicio de flexibilidad es más efectivo cuando el músculo está caliente.
Tratar de practicar actividad aeróbica ligera para calentar
los músculos antes de estirar.
Ejercicio neuromotor:
Ejercicio Neuromotor (a veces llamado “entrenamiento de la aptitud
funcional”) se recomienda dos o tres días a la semana.
Los ejercicios deben incluir las habilidades motrices (equilibrio, agilidad, coordinación y la marcha), el entrenamiento propioceptivo y
actividades multifacéticas (como pilates y yoga ) para mejorar la función física y la
prevención de caídas en los adultos mayores.
20-30 minutos por día es apropiado para el ejercicio neuromotor.
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